El 7 de agosto, 2005. MIDDLEBURY, VT—Bonnie Hemphill, El Boletín
Este año, hace cuatrocientos años desde Miguel de Cervantes publicó Las aventuras de Don Quijote de la Mancha en España. La novela ha ganado fama por ser al mismo momento chistosa pero triste, filosófica mientras tanta. Por eso, Las aventuras de Don Quijote ha desarrollado ser una de las obras más famosa de literatura del hemisférico occidental y de hecho del mundo, traslado en más lenguajes de alguna otra.
Para honrar el aniversario tan grave, la Escuela Española de Middlebury College, un programa intensivo de español mantenido cada verano, ha pasado la semana con actividades celebrantes por Cervantes. Ellas se habían extendido desde un campo de molinillos hechos por los estudiantes artísticos hasta lecturas, charlas y una producción teatral también por Cervantes. Sin embargo, la actividad central fue además la más única y juguetona de la semana: desde las diez de la noche el miércoles hasta la misma hora el viernes, los alumnos y profesores de la escuela se turnaron para leer el libro famoso de completamente. Los miembros de la escuela pasaron el testigo cada hora con un nuevo equipo de tres o cuatro lectores en lugares que se extendieron de las cafeterías hasta el Centro Estudiantil del campus de Middlebury College. Encantado con la idea del maratón, el Cónsul Español en Boston regaló a la Escuela con cien copias del libro: los alumnos los puso al uso y llevar a cabo con éxito el desafío cumplir la novela—y recuerden, Don Quijote tiene unas mil páginas.
Aunque un maratón de un libro escrito en un lenguaje apenas similar a la lengua moderna sueñe pesado en mejores términos, siquiera los alumnos principiantes lo disfrutaron. <>, reportó Jason Marin, estudiante de Arkansas en el primero nivel. <>.
Al mismo momento, los profesores pasaron bien, también. Según a la Profesora Señora Sonia Lenk, <>
Finalmente, siquiera los alumnos de las otras escuelas lenguajes que son ocupadas el campus Middeburiano este verano descubrieron una placer de Don Quijote. Un estudiante de la Escuela Japonesa creyó que fue suficiente importante romper su Palabra del Honor para reportar su emoción: <>.
Aunque con cuatrocientos años ahora, Las aventuras de Don Quijote de la Mancha es sin duda todavía lleno de vida.